Desengánchate

Desengánchate de todo, de todos  y hasta por un momento de ti mismo.

Desengánchate de personas que te atan, cosas que no te dejan crecer, hábitos que no te sientan bien y de todos esos pensamientos que te alejan de ser tú mismo.

Desengánchate exactamente igual a cuando eras pequeño. Justo en el momento en el que ibas a la mayor velocidad posible y se alineaban el resto de los factores terminabas soltando los pies de esos pedales que creías te daban tanta estabilidad.

Sabías perfectamente que podía ser peligroso. Pero ahí estabas tú con una sonrisa de oreja a oreja disfrutando de la velocidad y del viento en tu cara. En definitiva, sabias perfectamente que de lo que disfrutabas era del peligro.

Porque seamos sinceros, lo que más nos gusta en este mundo es vivir “peligrosamente”. Pero lo más curioso de ello es que a la vez nos da miedo. Y ahí estamos, disfrutando de la vida totalmente enganchados a nuestro miedo.

Nos da miedo decepcionar a gente, cambiar aspectos de nosotros mismos que no nos gustan, decir lo que pensamos, reconocer nuestros errores, pedir perdón, perder amigos, parejas, familiares… en definitiva, nos da miedo la felicidad. Así que nos pasamos la vida “enganchados” a una seguridad imaginaria.

Y es que en esta vida lo único que hay seguro es la muerte y con esta actitud es como si estuviéramos preparándonos para llegar “vivos” a ella.

Sin rasguños, sin heridas, sin lágrimas… con la risa y felicidad justa. Para que nos entendamos es como si nos comprásemos una bici muy cara y no la utilizásemos por miedo a que se rompa o estropee.

Al final esa bici por mucho que te empeñes NO va a ser eterna. Así que… ¿No es mejor tener la bici llena de rasguños, marcas y anécdotas que nos hagan sacar una gran sonrisa cada vez que la miremos? Pues en la vida lo mismo.

Saca tu bici a pasear y desengánchate a la vida.

 

Fdo. lalokalabici

 

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