La Rioja Bike Race 2018 con el Compex Team.

 

Dicen que:  «segundas partes nunca fueron buenas».

Siendo realista y consecuente no hay ni buenas ni malas, todos los momentos son diferentes y dependen de nuestro “yo” de ese momento.

Así que si mi primera vez en La Rioja Bike Race con Polar fue una experiencia única y especial, puedo decir que la segunda vez con el Compex Team no va a ser menos y tiene un hueco en mi baúl de momentos para recordar.

Tenía claro que quería volver a participar en esta prueba y ya sabéis lo que me gustan los concursos y hacer el payaso, así que no dudo ni un segundo cuando  Compex lanza uno en su página de Facebook   , donde seleccionarían a 2 personas para formar parte de su equipo en la LRBR (La Rioja Bike Race), siendo el único requisito enviar una foto «divertida». Así que tiro de galería y selecciono la que yo creo puede tener alguna posibilidad. <«Enviar…. No enviar…. ¡ENVIADA!»>.  Y ¡Sí!… me vuelve a tocar.

 

Jueves. Día Previo.

La verdad es que voy MUY nerviosa (demasiado diría yo). Días antes Marga (Compex) me ha metido en el grupo de Whatsap del equipo, se ve que todos se conocen y tienen muy buen rollo por lo que no hago más que darle vueltas a todo  (Ya he contado en algún post anterior que a veces activo el «modo cactus», el problema es que unas veces lo hago queriendo pero otras lo hago sin querer y eso hace que no disfrute al máximo de lo que pasa a mi alrededor ). Martín (el otro chico que gano el concurso) y yo estamos ahí, como unos cachorros cuando salen por primera vez a la calle. La palabra exacta que lo definiría sería «acojonados» pero lo llamaremos “avergonzados” que da menos miedo.

A las 16:00 salgo dirección Logroño, en 50 minutos estoy aparcada en el Palacio de los Deportes con la bici en el servicio de +queBici. Al principio era reacia a estas cosas e intentaba hacerlo yo (así me iba claro, que tenía que llevar la bici al mecánico antes y después de las carreras), pero después de probar en La Catalunya Bike Race  es uno de los mayores placeres de la vida (después de descalzarse al llegar a casa). Porque después de pedalear entre 4 y 6 horas diarias lo que menos te apetece al llegar es limpiar y ajustar la bici. De esta forma, llegas la dejas en el box y al día siguiente la recoges limpia, ajustada y si es necesario reparada.

A las 18:00 me dirijo a la puerta principal donde hemos quedado con el Compex Team al completo. A lo lejos diviso a Javi, fotógrafo que nos va a acompañar estos días y el cuál ya conozco gracias la experiencia PolarRiderHicimos buena amistad y seguimos manteniendo el contacto, por lo que es un punto a favor para calmar mis nervios.

Me acerco, saludo a Marga y me presenta al resto de los componentes. Recogemos dorsales y hacemos alguna foto. Aquí ya me doy cuenta que este no es un grupo cualquiera, hay tan buen ambiente y lo están haciendo tan fácil que cada vez me siento más cómoda e integrada. 

Nos dirigimos al hotel para instalarnos en las habitaciones.  Mi compañera de habitación se llama Isabel (Isa para los amigos), es de Madrid y lleva más de 12 años practicando ciclismo (cuando escucho esto mi mente me dice… <«¿Qué leches estás haciendo aquí?»>). Desde el primer minuto que nos conocemos se nota la conexión entre ambas. Creo que se ha dado cuenta de que estoy «atacada» por mis nervios así que intenta tranquilizarme contándome lo bien que lo vamos a pasar, lo simpáticos que son los del grupo y lo bien que nos van a tratar Marga y Salva.

Bajamos a cenar con el resto del equipo, recibimos las equipaciones y últimas indicaciones para los días que vamos a estar allí: <«Prohibido tirar cualquier papel al suelo… respetar a los compañeros y demás participantes en la carrera… deportividad SIEMPRE… y sobre todo disfrutad de la experiencia y pasarlo bien»>. Y después de esto sólo pienso en que estoy en el sitio indicado, con las personas adecuadas y que sólo tengo que dejarme llevar y disfrutar de todo lo que va a suceder.

 

Viernes. Etapa 1. 67 kilómetros + 2079 metros de desnivel.  

En la habitación 118 el festival de las alarmas comienza sonar a las 7:00 de la mañana. Ayer después de pensarlo decidimos levantarnos a esta hora porque creíamos que habría menos gente en la zona de desayuno. Pues bien…  todo el Hotel ha pensado lo mismo. Si el 80% de la ocupación está destinada a la carrera el 79% estamos allí (el otro 1% son Martín y Dani que bajaban todos los días a las 8:00 y tenían todo el comedor para ellos). Terminamos de desayunar, subimos a la habitación y ultimamos los preparativos para dirigirnos hacia el Palacio de los Deportes.

Este año las féminas salimos desde diferentes cajones (Categoría élite desde el 3, categoría master desde el 12). Para mí perfecto ya que salir desde tan adelante y dado mi nivel, lo único que hacía era ponerme nerviosa (más aún de lo que la propia participación genera) y ser un peligro público para el resto de participantes.

¿Os he dicho que estoy nerviosa?, pues creo que no es la palabra exacta que define mi estado. Tengo una sensación rara como si tuviera al «hombre del mazo» (o también conocida como «la pájara») detrás de mí, haciéndose notar, esperando que me dé la vuelta a ver si lo veo. Y sí, efectivamente lo veo y sé que esta, es más…  algo me dice que hoy me va a pasar factura,  menos mal que he venido preparada de casa para hoy saldar todas las deudas.

Salida puntual a las 10:00 de la mañana. Primeros 5 kilómetros rapidísimos para llegar al  primer puerto del día. Nada más y nada menos que 15 kilómetros de …  «cuestaka». <«Madre mía…. si la subida es así… ¿cómo será la bajada?>. Cabeza abajo y poco a poco para arriba. Esto es muy aburrido, sólo veo rueda y escucho respiraciones de gente que va igual de jodida que yo. Entre ellos Paco, Sevillano de 45 años que nos saca una carcajada con sólo una frase: < «El caso es que un compañero de trabajo que la hizo el año pasado me dijo que los paisajes eran increíbles… lo que no me dijo es que no iba a levantar la cabeza de la rueda y que iba a tener que venir otro día sólo para hacer turismo»>. Razón no le falta porque seguimos con la cabeza en la rueda.

Llegamos al primer avituallamiento que indica que SÓLO (esto es ironía) queda mitad del puerto… o que sólo llevamos la mitad. Como algo rápido…  relleno bidones y a continuar subiendo. Van pasando los kilómetros, levanto 3 segundos la cabeza de la rueda y por fin puedo ver el final. <«Vale…. ahora la súper bajada… a sacar el flow y disfrutar»>. Esta es la teoría o por lo menos así debería haber sido, pero a los pocos metros de empezar a bajar…. ¡TAPONAZO!.

Esto indica que ahí está la primera zona técnica del día, así que toca esperar. Parece que no todo el mundo piensa igual y hay quién aprovecha para «colarse” y luego estamos los que aprovechamos para comer y echar unas risas entre nosotros. Después de 20 minutos de reloj y un menú entero con su primero, segundo y postre … logramos iniciar la marcha.

Disfruto de esa zona técnica muchísimo (casi ya ni me bajo de la bici). Pero la alegría dura poco (ya sabéis… somos pobres) y comenzamos de nuevo a subir. Otra de las cosas que también está subiendo es la temperatura, cada vez hace más y más calor y yo no paro de beber y beber. Y me pasa lo que tenía que pasar… que a 7 kilómetros del 2º avituallamiento me quedo sin agua. <«Va Inés… no te preocupes… en nada el avituallamiento»>. Os he dicho que a veces soy cómo un cactus ¿verdad?… pues en el tema agua parece que no.

De nuevo zona de senderos donde veo a Javi (fotógrafo de Compex): < «Jaaaviiiii…… Holaaaa»>. ¿Sabéis que pasa cuando te despistas en una zona técnica no?… Muy sencillo, hay demasiadas probabilidades de que te metas la leche del siglo. Y. sí… yo para la lotería no tengo suerte, pero para estas cosas sí. Así que … ¡Al suelo! Me levanto… miro que todas mis partes estén en su sitio…” Partes OK” …. Miro que todas las partes de la bici estén en su sitio…. “Partes KO”. < “Mierda… manillar torcido”. Me acerco a Javi, me ayuda a ponerlo bien y: <«Por lo menos me habrás hecho foto ¿no?… que me he caído por saludarte, ja, ja, ja»>. Y sí… la tenía.

Llego al kilómetro 33 dónde se encuentra el 2º avituallamiento y voy desesperada con los 2 bidones hacia el agua. No la veo… vuelvo a mirar… nada. <«Qué buscas?»… «El agua… ¿No hay?»…. «¡No!… se ha terminado»… «¿Cómo?»>. Ahora es cuando el mundo se para y yo me bajo. < «¿Cómo se puede haber terminado el agua?… buffff»>. Mi cabeza sólo piensa en el siguiente avituallamiento que está en el kilómetro 51… y estamos en el 33.  Sí… casi 20 kilómetros sin agua a las 13:00 del medio día …. con el calor que hace y con las 2 subidas del carajo que quedan. < «Vale Inés…. tranquilidad… mantén la calma…»>. Fácil pensarlo, pero complicado llevarlo a cabo.

A partir de este momento TODO va a peor y si os digo la verdad, ni recuerdo el recorrido… me empecé a deshidratar, me había puesto en los bidones Powerade, este tipo de bebidas me sientan fatal así que el estómago me pasó factura. No contenta con eso me entra jaqueca … vamos… que el «hombre del mazo» en lugar de traer el mazo vino con bombo, platillo, trompeta y el Orfeón Donostiarra de acompañamiento.

Después de más de 1 hora (para mí como 3 años) llego al último avituallamiento y vuelvo a ir desesperada a por el agua (en este sí que hay). Lleno los 2 bidones, cojo una botella, me siento durante más de 10 minutos a la sombra y empiezo a beber tranquilamente a ver  si con un poco de suerte se me pasa la jaqueca pero… ¡no!, no hay suerte. Cuando la suerte no está de nuestro lado sólo nos queda asumir la realidad, y la mía es que me quedan 15 kilómetros MUY duros.

Y aunque asumas las cosas siempre hay “algo” que se encarga de recordártelo y ese “algo” fueron los casi 2 kilómetros de camino LLENO de agujeros (literal).

Por fin reconozco los últimos kilómetros que coinciden con los del principio de la Etapa significando así que el «sufrimiento» termina. Cruzo la meta, voy directa al box de Compex junto al resto de compañeros. <«¿Qué tal Inés?» …. «¿Tenéis un Ibuprofeno?» …. «Sí»>. Creo que ya no puedo ser más feliz y después de 10 minutos puedo decir: < «Etapa 1 finalizada…. jaqueca a la saca»>.

 

Sábado. Etapa 2. 65 kilómetros con 2200 metros de desnivel.

Seguro estáis pensando… < «A esta Inés siempre le pasa de todo… a ver que le ha pasado el segundo día» >. Pues sí…. y no, es decir, hay días que parece que todos los astros se alinean para que te suceda todo lo malo y hay otros en los que los mismos astros se vuelven a alinear para que suceda todo perfecto. Y eso es lo que pasó en la 2ª etapa.

Pensaba que después de la deshidratación del primer día iba a estar para el arrastre, pero asombrosamente me he levantado como una rosa. Además, soy más de segundos días, se me dan mejor (aunque sean más duras). Lo único malo del día de hoy es que este nublado y todo apunta a que va a caer la de Dios.

Mientras desayunamos hablamos de ello < «Dan lluvia a partir de las 13:00… habrá que llegar antes…ja, ja, ja…»>. Mi pensamiento es totalmente contrario < «Yo entonces lo cojo seguro… porque no llego antes de las 13:00 ni con bici eléctrica»>. Una vez hemos realizado toda la rutina de preparación pre-carrera, vamos hacia el Palacio de los Deportes donde cada uno se coloca en su cajón correspondiente. Pasan los minutos y los nervios vuelven a aparecer, hoy no son nervios, hoy son ganas de soltar adrenalina, ganas de quitarme la «espinita» de ayer.

 

Veo a Salva (Compex) acercándose hacia mí para recoger mi chaqueta y desearme suerte (no se pueden imaginar este pequeño detalle lo que carga las pilas y te hace salir al 200%). Comienza la cuenta atrás y a las 10:00 da comienzo la carrera. Salida un poco más lenta que el día anterior, lo que me permite pensar en el recorrido que nos espera. Según el perfil (o al menos así lo interpreto yo) tenemos 2 «súper puertos» y una «pequeña montañita» al final del recorrido (me gustaría ser más técnica, pero… aparte de que no sé, así nos entendemos todos)Si no recuerdo mal el año pasado la gran mayoría de la etapa era pista y muy poco sendero, así que tenemos la tranquilidad de saber que las probabilidades de rodar por el suelo son menores.

Pasan como 25 minutos y ya comenzamos con los 20 kilómetros de puerto, que para empezar la mañana con alegría y buen humor está muy bien… ¿No? Pues aún se puede empezar mejor, ya que si a ese ascenso le añades barro, la fiesta está asegurada. Y mira que a mí me gusta el barro, pero…  es cómo cuando le dices a tu madre que podrías estar comiendo macarrones en todas las comidas durante toda una semana, y va tu madre y…  te los pone. Y al tercer día te empiezan a salir los macarrones por las orejas.

A este barro le sumamos que gran parte hay que hacerlo desmontado, arrastrando la bici y los pies hasta la rodilla de barro. Así que me pasa como al tercer día de comer macarrones… que se me hace bolo.

Por fin y después de una hora conseguimos montarnos para continuar subiendo. Miro el GPS y marca 21 kilómetros así que sólo faltan 2 para el primer avituallamiento. <«Tened cuidado que hay 2 árboles caídos y hay que desmontarse de la bici»>. Pero… <«¿No tenían bastante con el barro?2>.  Primer árbol superado…. subida, subida…. segundo árbol superado… seguimos subiendo…. curva pronunciada a la derecha….  curva a la izquierda y: <«Vamos Inés…. venga…. no pares…. lanza el bidón»>. Ahí estaban Marga y Salva para hacer el avituallamiento.

Se había hablado en el desayuno de que harían el primer avituallamiento a todos. Personalmente les dije que no hacía falta que me esperasen a mí (ya que soy la más lenta del Compex Team) y prefería que ese tiempo lo dedicasen a otra persona en otro avituallamiento o en meta. Pero tengo que reconocer, que me ha encantado el detalle. Después de esto los 2 kilómetros que quedan para terminar el puerto se llevan de otra manera.

Una vez arriba comienzan los casi 10 kilómetros de descenso por pista bastante amplia. Durante este tramo hemos hecho un grupito 5 chicas y vamos dándonos relevo las unas a las otras en las zonas más llanas. Pero enseguida volvemos a subir y el grupito se deshace cada una por nuestro lado.

Comenzamos con el segundo puerto del día duro. Cabeza a  rueda y el pensamiento centrado en la paciencia… mucha paciencia.  Levanto un poco la mirada y veo a lo lejos un maillot que me suena: <«Juraría que con ese chico coincidí el año pasado»>. Me voy acercando y veo que efectivamente es él. <«Hola…. ¿Te acuerdas de mí?»— «Ostia… tú el año pasado ibas de rojo ¿No?… de #PolarRider ¡”—  «¡SÍ!» — «Que fuerte…ja,ja,ja … seguimos igual…. de mal»>. A partir de ahí seguimos la carrera juntos (cómo el año pasado)Terminado el largo puerto, comenzamos a descender alternando terreno de pista con divertidos senderos que hacen que disfrute como una niña pequeña y tenga una sonrisa de oreja a oreja.

 Llegamos al segundo y último avituallamiento del día, paramos a rellenar bidones, comemos algo y le digo a mi compi: <«Bueno… esto está hecho…. ya nos hemos quitado lo peor… sólo falta la «pequeña montañita «>.  Y ahí nos vamos más contentos que «chupina” a devorar los 15 kilómetros que nos quedan (o esa es la intención).

Después de recorrer los 10 primeros y «oler» Logroño, nos meten un giro a la derecha que NO estaba el año pasado. Lo llaman «El pico del Águila» pero lo conoceréis mejor por «pequeña montañita». Pues resulta que son 5 kilómetros con continuas subidas explosivas, senderos, piedras, escalones, bajadas… Vamos para terminar con una sonrisa de oreja a oreja, pero con las piernas cómo si las hubieras metido en hormigón. Después de una ducha y haber recuperado mis piernas puedo decir… <“Etapa 2 a la saca”>.

 

Viernes. Etapa 3. 51 kilómetros y 686 metros de desnivel.

La etapa de hoy es bastante inusual con respecto a las que he venido realizando en este tipo de pruebas. Siempre suele ser la de menos kilómetros y menos desnivel y por tanto la más rápida. Este año viendo la distancia y los metros de desnivel me parece a mí que va a ser algo más que rápida.

A las 9:30 estamos en el Palacio de los Deportes realizando las últimas fotos para Compex. Se nota por las risas y el buen rollo que además de ser último día la cena de anoche han hecho afianzar aún más el espíritu Compex Team.

Como el resto de días comienza la cuenta atrás y a las 10:00 se da el pistoletazo de salida. Como ya he dicho antes… rapidísima, sin dejarme tiempo para parpadear. Los primeros kilómetros se desarrollan por las calles de la ciudad para continuar por pistas amplias y prácticamente llanas. Así que los 20 kilómetros iniciales se recorren en menos que canta un gallo.

Pero al llegar a la primera zona de senderos … ¡TAPONAZO! El del primer día no tiene nada que ver con este, 35 minutos de reloj hasta que volvemos a arrancar.  Lo bueno de esto que me vuelvo a encontrar a mi compi de ayer y otra vez nos volvemos a hacer inseparables.

Superamos el sendero a paso de tortuga (por los tapones) para continuarnos kilómetros más por pista. <«Inés… ponte a rueda que ya sabes que esto es lo mío»>. Yo sin «rechistar» me coloco agazapada detrás de él como si fuésemos en un tándem. Vamos ganando alguna posición hasta llegar a parte del circuito de Cross Country de la Grajera. Aquí nos encontramos a 2 de Basauri . <«Hola…. ¿De dónde eres?» — «De Murchante» — «¡Ostia!. ¡No jodas!» —- » Y sin joder también»>. Se empiezan a descojonar y a partir de ese momento ya no hay quién nos separe a los 4.

Uno detrás de otro como hormiguitas, dejando que el que va delante nos guíe, depositando toda nuestra suerte en él. Así que pasa lo que tenía que pasar… que la «suerte» del primero es la desgracia del resto. Frena sin avisar y el resto cae al suelo. Afortunadamente como voy la última me da tiempo de frenar y por los pelos la salvo. <«¿Estáis bien?» — «Tranquila… que los de Basauri bajamos de la bici como nos da la gana»>. Después de que todos se levantasen y yo recuperase la respiración de tanto reír, bajamos lo que nos quedaba de sendero desmontados de la bici.

Al llegar abajo voy a montar…  se me engancha el pie en una zarza y… ¡Al suelo! como una croqueta. Claro, estos descojonados de la risa … y yo … también. <«Perdona que nos riamos eh Inés…. ¿Estas bien?» — «Los de Murchante subimos a la bici como nos da la gana»>. A partir de este momento como podéis imaginar los pocos kilómetros que quedaban para terminar fueron una autentica pasada, no sólo por las risas y compañía, sino por el recorrido, sentir el fin y por lo tanto conseguir la medalla finisher.

Últimos kilómetros por pista para entrar a terreno asfaltado recorriendo alguna calle de la ciudad viendo ya las banderolas y arcos de llegada: <«Vamos Inés…. ya lo tienes… última curva a la derecha y ya estás en meta»>.  Y cuando ya crees que por el simple hecho de haber terminado las 3 etapas vas a recordar ese momento cómo especial, giras la última curva a la derecha y ves a TODO el Compex Team al completo esperándote debajo del arco de meta con la misma energía e ilusión que tú, y entonces te das cuenta que ese momento a parte de especial va a ser único.

«La vida es muy corta para hacer caso a lo que dicen.

No vamos a tener una segunda oportunidad de estar en este mundo, así que haz lo que te dé la gana y se feliz.

Vive cada momento como si fuera el último».

 

 

Fdo. lalokalabici

 

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1 Comentario

  1. Inés Martínez dice:

    Buena crónica para un fin de semana tan intenso.

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